El autocuidado puede ser volver a lo que disfrutabas en tu infancia
15 de abril del 2026
Una vez alguien me preguntó qué me gustaba hacer cuando era chica. Le respondí que me encantaba bailar, hacer gimnasia y las manualidades. Eran cosas que me hacían sentir libre, presente, feliz. Luego me preguntó si seguía haciendo esas actividades, si de alguna forma estaba cuidando a mi niña interior… y ahí me di cuenta de algo: ya no hacía casi nada de lo que antes me llenaba.
Con el tiempo, muchas veces dejamos de lado esas pequeñas cosas que nos hacían bien, crecemos, nos llenamos de responsabilidades, de expectativas, de “debería hacer esto” o “esto ya no es para mí”. Sin darnos cuenta, vamos apagando esa parte más genuina, curiosa y libre que vive dentro de nosotros.
Cuidar a tu niño interior no es algo abstracto ni lejano, es darte permiso para volver a disfrutar sin tanta exigencia, es preguntarte qué te hacía feliz antes, qué te hacía perder la noción del tiempo, qué te emocionaba… y darte el espacio para retomarlo, aunque sea de a poco.
En mi caso, después de un tiempo decidí probar algo nuevo: tomé una clase de barre. No solo era movimiento, también era reconectar con el baile. Y, curiosamente, la clase era con música de Hannah Montana, lo que me llevó directamente a mi infancia, fue como reencontrarme con una versión mía que había quedado en pausa.
Ahí entendí que reconectar con tu niño interior no se trata de “volver atrás”, sino de integrar esa parte en tu vida actual. Es permitirte disfrutar sin juzgarte, sin pensar si eres “bueno” o “malo”, si “tiene sentido” o no. Es simplemente hacerlo porque te hace bien.
Cuidar a tu niño interior también es una forma de autocuidado, es recordarte que no todo en la vida es cumplir, rendir o producir, también podemos disfrutar, crear, divertirnos.
Y a veces, todo parte con algo tan simple como darte permiso para volver a hacer eso que alguna vez amaste